Como estrategia política diferente a la de los colectivos moderados ante la crisis del VIH/sida, a principios de los noventa surgen los primeros grupos queer   en el contexto estatal de la mano de La Radical Gai (1991) y de LSD (1993). Los mismos comenzaron a desarrollar las propuestas de las prácticas queer en el Estado español desde una radicalidad en sus discursos y acciones, utilizando la apropiación y resignificación del insulto marika o bollera para autonombrarse.
 

  Pusieron en tela de juicio las políticas de identidad, generaron alianzas entre ellos y con otros movimientos sociales como feministas, okupas, insumisos o asociaciones vecinales. Utilizaron un lenguaje directo, se alejaron de lo políticamente correcto y basaron sus acciones en la no normalización y la no asimilación de las disidencias sexuales y de género ante el sistema heteronormativo y capitalista. Desplegaron estrategias y miradas de luchas interseccionales y “pusieron el cuerpo” para denunciar el orden hegemónico desde el artivismo.


  Como herencia de dichas prácticas radicales, en los años dos mil emergieron los Bloques y Orgullos Críticos para denunciar la despolitización y mercantilización de parte del movimiento LGTB, y con el fin de reivindicar y rescatar el origen combativo de las manifestaciones del Orgullo. Estas experiencias se caracterizan por sus posiciones antirracistas y transfeministas.


  En el ámbito andaluz, estas prácticas se han encarnado en el quehacer activista de distintos colectivos existentes desde la década de los noventa hasta la actualidad, cuyos materiales puedes encontrar en la presente sección.

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